Do eri 2017
Bajo ningún concepto hay que PERDONAR sin castigar a los desleales TRAIDORES secesionistas pues despilfarrar y dilapidar el dinero de los españoles incumpliendo las leyes, desobedeciendo a los jueces del TC, incumpliendo el legitimo Orden constitucional establecido y habiendo consumado un "golpe de Estado jurídico"...
¿Pudiere ser considerado como un acto terrorista?
A los traidores a la Patria no hay que perdonarlos sin castigo y mucho menos ponerle la otra mejilla y a los vándalos invasores extranjeros, fanáticos religiosos terroristas atraídos por Imamnes que les inculcan que maten a seres inocentes hasta inmolándose y desean contaminar nuestras creencias, abolir nuestros principios, valores, costumbres ancestrales milenarias y la idiosincrasia de nuestro Pueblo para implantar las suyas inhumanas hay que combatirlos y vencerloss y a los que queden desterrarlos.
No debeemos permitir que nos invadan se queden con nuestra tierra y, encina, los subvencionemos.
Tampoco se deben meter a todos los secesionistas en la cárcel, sólo a los tres o cuatro gatos cabecillas pero, eso sí, hay que multar a todos los políticos desleales traidores con grandes cantidades de dinero e "inhabilitllarles" de por vida y todos darán marcha atras pues el dinero es lo que les duele y por eso están, es decir, están por el puto egoísmo e interés pesetero y el interés general de los ciudadanos les impotan un carajo.
Evidentemente es muy difícil encontrar o hacer algo perfecto, sin defecto alguno, pero hay que esmerarse para hacerlo lo mejor posible en beneficio del interés general, sobretodo si se cobra del Pueblo por ello.
No tenemos políticos perfectos pero tenemos que luchar para que las supinas imperfecciones de los desleales traidores corruptos no nos lesionen ni física, ni económica, ni socialmente.
Tenemos siempre muchas quejas de los demás cuando lo hacemos mal, incluso sin querer, y a ellos sí hay que pedirles perdón y resarcirlos.
Nos decepcionamos continuamente unos a otros pero la buena gente se perdona mutuamente, es un signo de bondad espiritual, tranquilidad de la conciencia y del sueño.
Sin embargo, los políticos corruptos nos roban, nos decepcionan, nos dañan por su ineptitud mucho más y nunca jamás piden perdón incluso a sabiendas de que lesionan los intereses de los ciudadanos por su egoísta interés y propio beneficio.
Es axiomatico que existieron pájaros políticos desgobernantes indecentes de "tós colores" ya enjaulados y que aparecerán más, aunque no todos lo son. Desgobernantes que no practican políticas con directrices sanas, asépticas de corrupción en el ejercicio político bienhechor, del bien hacer, de vigilar y anular el mal en beneficio del bien de los desgobernados y los políticos que reconozcan que hay que pedir perdón y lo pidan podrían ser perdonados pero para los incumplidores de la ley corruptos y desleales, por norma, no debe existir perdón alguno sin castigo y que desaparezcan pues no le obligaron a estar y mucho menos sin saber estar.
El perdón recibido o concedido es vital para la salud emocional de la buena gente para vivir en sana convivencia y supervivencia espiritual, el sosiego del alma y la tranquilidad de la conciencia.
Sin pedir perdón el político por algo mal hecho que ha causado daño o dolo al prójimo demuestra que no sabe SERVIR al Pueblo pues
Gobernar es SERVIR al Pueblo y no servirse del Pueblo.
Pedir perdón e incluso dimitir del cargo si admite que se han cometido fechorías, felonías corruptas, o no las evitan, e incluso las practican, los que sean, logran que la convivencia se mueva por un terreno de arenas movedizas, con un odio que la asfixia, la ahoga en conflictos y la convierte en un reducto de penas que causan un infame dolor a seres inocentes y sin culpa alguna y no se logra ni existe una Paz duradera y verdadera.
El político que rs incapaz de pedir perdón o dimitir por daños o dolos al prójimo, que causa, permite u omite erradicarlo, siendo su deber inrludible, es un enfermo mental contagioso y hace enfermar a la sociedad que debe desposeerlo de su puesto político por sus quehaceres malhechores y por su mala leche.
Reitero, el perdón, pedirlo o concederlo, es la asepsia del alma, la limpieza de la mente, la euforia y alegría del corazón y la tranquilidad de la conciencia y el sueño.
Es absolutamente cierto que quien no perdona no tiene paz interior, tiene sucia su alma y no tiene comunión con Dios.
Ahora bien, los desleales TRAIDORES y terroristas consumados no tienen esos derechos, ni deben ser perdonados.
Cuando el dolor y dolo lo producen traidores a la Patria o vándalos invasores, fanáticos religiosos terroristas, con ciencia, conscientemente y a conciencia deben ser juzgados sentenciados y castigados si sus actos son corruptos o criminales cometidos contra seres inocentes.
El traidor siempre recae en la traición y perdonarle sería una estupidez supina y una aberración intelectual.
Hay que castigarlos severamente y que reciban lo único que merecen, la trena, y paguen con la pena de la cárcel y beban el endiablado veneno que llevan en sus entrañas que los intoxicó con el síndrome enfermizo de la corrupción, la traicion y el terror.
Dice el buen hombre, jerarca Regente Supremo de la "Ecclesia",
que los dolientes deben perdonar.
Pues va a ser que no.
El (EI) vándalo invasor terrorista pierde todos sus derechos humanos. Como mucho que posea los divinos después de desterrárlos y enviándolos con su dios. Hay que combatirlos, eliminarlos, como se eliminan las alimañas.
Las manchas de "las moras" con otra verde se quita.
O sea, con la ley del Talión y no digo que lo sienta.
Es su vida o la nuestra, la de nuestros hijos, y hay que escoger forzosamente un camino que nos libere de la traición y la invasión y no la vereda tortuosa de subvencionarlos para que, encima, nos hagan daño.
Que los dolientes guarden el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo y
según el Regente del Papa es autoherirse los sentimientos.
Duele el alma y hace sangrar el corazón, eso lo digo yo.
El traidor o el terrorista fanático no se arrepiente y su mente está enferma física, emocional y espiritualmente y,
por eso, ambos, deben y tienen que estar en el lugar que les corresponde, desterrado o enjaulado como un pajarraco y se eliminan las opciones dañinas.
El territorio español debe ser de cura para el emigrante y no de enfermedad cancerigena crónica para los españoles.
El escenario de la lealtad y no la deslealtad conlleva la Paz, el sosiego del alma, alivio de la conciencia y no la maldad de la culpa y sentirse culpable.
También es cierto que el perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza, en la que el dolor llegó a ser la causa que produjo el efecto de la triste enfermedad pero...
¿En verdad merece perdón el que nunca perdona, el desleal traidor, el terrorista, el que hace daño a seres inocentes por puro egoísmo económico o creencias fanáticas religiosas siendo la maldad personificada porque tiene las entrañas de su ADN envenenadas de odio fanático inducido por los Imanes que los atraen?
No merecen perdón alguno pues sería un contradios.
Sólo merecen ser aniquilarlos o desterrardos y mucho menos ayudarlos o subvencionarlos.
Que se sientan sin medios, con hambre y sin servicios básicos para los suyos, hambrientos, sin techo, sin escuela para sus hijos, sin medicos y sin medicinas.
Que se encuentren solos, apenados, abandonados por su dios y no puedan ejeecer la labor continuada de su criminal maldad con mala fe hacia su prójimo y que la tristeza les embargue el alma y su corazón, sienta el dolor, el mismo dolor que causan.
Que sienta la pena que sienten los seres inocentes atacados con su inusitada maldad.
El malhechor es un malvado que lleva en las entrañas de su ADN el odio, el rencor, la envídia y practica hacer daño casi como deporte, con ciencia, a conciencia y conscientemente y está convencido de que no necesita perdón ni lo quiere en absoluto y, además, no se lo merece porque hacer daño a seres inocentes no tiene perdón de Dios.
En la vida unos perdonan y no olvidan.
Para no volver a caer.
Otros ni perdonan, ni olvidan.
Puede que sean los más rencorosos con dolor en el corazón aunque sea una postura autodestructiva.
De todas formas y maneras allá cada cual con su buena o mala conciencia.
Se puede pensar
e incluso decir
lo que se quiera pero no se debe actuar en contra de las leyes vigentes y los transgresores tienen que atenerse a las consecuencias y los inmigrantes y refugiados tienen que adaptarse a nuestras costumbres o que se larguen a sus países de origen